El Diccionario del Diablo (Beltrán Mena)

Leo, comparto y transcribo este artículo de Beltrán Mena en Artes y Letras de El Mercurio.

Dos reflexiones: el Diario de Agustín tiene esta extraña costumbre de hospedar en sus suplementos, artículos e investigaciones que jamás compartirían sus editorialistas.  No conozco a Beltrán Mena, no se desde qué sector opera, piensa y escribe, pero sé que este artículo es estimulante, ingenioso e inteligente.  A partir de él se podría iniciar una multidisciplinaria conversación, sociológica, política, ética o religiosa…  Chapeau!

Las personas se transformaron en recursos humanos, la naturaleza en área verde, la felicidad en calidad de vida, el destino en profesión.

¿Quién redactó un diccionario tan idiota? ¿Y por qué insistimos en usarlo?

Pareciera ser que esos términos hacen más fácil operar con el mundo. Sabemos que las personas son todas distintas; los recursos humanos, en cambio, son intercambiables. No puedo comparar el olmo de mi jardín con el sauce de tu parcela, pero si transformamos ambos en área verde, podemos. Lo mismo con todo lo demás. Nunca sabremos si los daneses son realmente felices, pero podemos estar seguros de que tienen mejor calidad de vida.

Vino por antioxidantes. Capacidades por PSU. Salud por esperanza de vida.

Estos juegos de palabras parecen cumplir una función similar al dinero. Una vez creada una divisa para los valores, podemos olvidarnos de ellos y operar con la pura divisa. Podemos planificar, intercambiar, especular y olvidarnos así de la irritante incomparabilidad de las cosas.

Si alguien quiere contar cómo pescó una trucha a los 15 años, tiene que poner en marcha un relato: que la trucha no se dejaba engañar, que a varios les había picado sólo para arrastrarlos a un sector de troncos sumergidos y enredarles las líneas, que alguien la había visto saltar en el aire al atardecer en cierta vuelta del río, qué averiguó con qué señuelo había mordido… Sólo así hará aparecer al pez frente al que escucha. Pero eso implica tiempo y esfuerzo. Al transformar la pesca en una competencia deportiva y reducir todo al peso del pescado, en cambio, ganamos la posibilidad de comparación, aunque perdemos la pesca.

Contamos con un artefacto para desplegar el valor de la cosa individual: el relato. Pero no es una máquina fácil de usar y requiere cierto entrenamiento. La mayoría de las personas debe guardar sus valores para sí y limitarse a tartamudear al momento de intentar mostrarlos a otro. Entonces surgen estas divisas de valor, simples, es cierto, más bien pobres, pero al alcance de todos.

Nos tentamos con estos términos porque son prácticos. No sé nada de tu destino, pero te puedo ofrecer una profesión. Las áreas verdes nos permiten comparar una comuna con otra y los alcaldes pueden fijar metas. Y así como podemos vincular dólares con euros, también podemos combinar divisas de valor unas con otras para construir modelos. Podemos decir, por ejemplo, que las áreas verdes mejoran la calidad de vida.

Al reemplazar valores por divisas de valor, convertimos convenientemente a la persona en una “unidad de necesidades” (casa propia, educación para todos, plan de salud, canasta básica…), es decir una “unidad de consumo”.

Una vez en ese juego, no nos para nadie. Transformados ya nuestros sueños en necesidades, damos un paso más y convertimos nuestras necesidades en requerimientos:

-¿Otra Coca Cola?

-No gracias, estoy bien de glucosa por hoy.

Nos hemos vuelto paquetes de requerimientos. Es muy conveniente para planificar. No es muy bueno para el hombre, pero es bueno para la humanidad.

-Tengo alto el colesterol ¿y cómo anda tu antígeno prostático?

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One Response to El Diccionario del Diablo (Beltrán Mena)

  1. Martin says:

    Hola Jorge…soy “miembro de la marcha de los huevones”….excelente articulo y q extraño verlo en el Mercurio….aqui les dejo un link con un documental que aborda ese proceso de sustitución de la democracia por el mercado (proceso lento silencioso)… fue emitido por la BBC el 2007 y el realizador es Adam Curtis…
    http://humanismoyconectividad.wordpress.com/2009/01/07/la-trampa/

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