Coaliciones


La fuerza de una coalición consiste en lo que los veterinarios conocen como “La Fuerza del Híbrido”… una mezcla de características e identidades que no sólo hacen más amplia la representatividad de la coalición, sino que en la diversidad de origen de sus componentes encuentra fortaleza y capacidad de respuesta a un mayor número de solicitaciones.

Es evidente que una coalición de identidades intransigentes no es tal; nace ya paralizada en su posibilidad de acción. La coalición es por definición un acuerdo entre identidades distintas para lograr objetivos de interés común a todas las identidades convocadas en el respeto de su diversidad.

Una coalición puede articularse; a) como un acuerdo defensivo para  impedir el advenimiento de una entidad cuya afirmación dañaría o perjudicaría los intereses y sensibilidad de los aliados, b) como un acuerdo destinado a echar las bases de una nueva realidad o c) como una mezcla entre a y b.

Es entonces, consustancial a la naturaleza de una coalición la diversidad de identidades y el acuerdo entre éstas para obtener beneficios defensivos o de acción para todas las identidades concurrentes.

Si lo anterior define una coalición, su contrario la desvirtúa, la destruye o la lleva al fracaso. A saber:

La falta de acuerdo en torno a temas específicos y vitales para  los efectos de la coalición.

La pérdida de identidad por parte de los concurrentes.

La adopción de acciones que perjudican o afectan gravemente alguna de las identidades concurrentes

La fusión de las identidades concurrentes en una identidad nueva y diferente a las existentes con anterioridad a la coalición.

El transformar la coalición en “otra cosa” respecto de los objetivos iniciales. (Nuevos objetivos implican el replanteamiento de la coalición.)

La transformación de la coalición en un ente que pone su sobrevivencia orgánica por sobre los objetivos que le dieron origen y sentido.

Como se puede apreciar, tres son los rasgos de una coalición saludable; acuerdo, identidad y diversidad. La exclusión, falta o debilitamiento de uno o todos estos componentes es fatal para los objetivo que dieron vida a la coalición y hacen inútil o ficticia su existencia, puesto que los espacios abandonados en el tejido social, institucional, económico o político se llenan necesariamente de otras fuerzas e identidades que sí responden a las necesidades sociales, económicas o políticas abandonadas por esas debilitadas o desaparecidas identidades.

En política es interesante aplicar este razonamiento a dos experiencias chilenas que han visto protagonista a la izquierda o a parte importante de ella, la Unidad Popular y la Concertación.

La Unidad Popular fue una coalición de izquierda-centro que, excluyendo, o no logrando incorporar a la principal fuerza políticas del centro, contenía en su proyecto y programa organizaciones políticas y acuerdos de acción destinados a sumar a ese sector de la sociedad chilena a su proyecto de gobierno y a su propuesta de acuerdo de futuro.

Su debilitamiento como coalición se produce cuando esos sectores de potencial apertura al centro social (Partido Radical y fuerzas de inspiración cristiana provenientes del la Democracia Cristiana) inician una metamorfosis de su identidad que las lleva a parecerse y a competir con la identidad de la izquierda tradicional, entregando a las fuerzas interesadas en la destrucción de la coalición y su programa el espacio político, cultural y social que de manera natural su identidad aportaba a la diversidad y al acuerdo de la UP.

En el caso de la Concertación, coalición claramente de centro-izquierda en su origen, es la izquierda de la coalición que inicia una metamorfosis y emigra identitariamente hacia el centro, disputando espacios al centro tradicional e incluso mimetizándose con la centro derecha en imagen y propuesta.

Este desperfilarse de la izquierda de la Concertación, priva a la coalición de diversidad y de un referente sólido de su ala izquierda…  produciéndose incluso el extraño fenómeno de ver a políticos de centro tratando de llenar el espacio dejado por esta emigración indentitaria.   La falta de diversidad e identidad se traduce fatalmente en falta de acuerdo y lleva, en una lógica meramente defensiva y de sobrevivencia biológica, a la coalición a una especie de “síndrome de Estocolmo” adoptando con más facilidad acciones de identidad derechista que acciones que vayan en beneficio de los trabajadores, los sindicatos, los pobladores, acciones propias de la identidad izquierdista o, en este caso socialista.

El malestar que Ascanio Cavallo detecta en la izquierda  de la Concertación no es producto de sentimientos de culpa o edípicas nostalgias de la UP, es  la angustia de la identidad perdida, de la diversidad perdida, de la imposibilidad de la acción y el acuerdo, ya que éstas pueden partir sólo desde una sólida identidad y una real diversidad.

Chile sólo puede ser gobernado por coaliciones (si se quiere mantener el imperio de la democracia y las libertades ciudadanas) es imprescindible pues reconstruir la identidad de la izquierda para ofrecer una sólida posibilidad de coalición y gobernabilidad.

This entry was posted in causas ciudadanas, Reflexiones, Sociedad. Bookmark the permalink.

Leave a Reply